Que pena
18 de December, 2009
A Aitana no hay Dios que le devuelva la vida. ¿Capricho del destino? ¿Culpa de la mala suerte? ¿Mártir del Sistema? ¿Víctima inocente de la negligencia al uso? ¿Criatura damnificada al azar para dar ejemplo de cómo se ejerce la práctica del sin sentido? ¿Irreparable vergüenza de una sociedad sujeta a las normas en la que el individuo es lo que menos cuenta? A la ira del momento, que es vox populi, le sucederá el olvido. La vida sigue. Pronto, sumidos en nuestras propias cuitas, arrancaremos páginas del álbum del recuerdo y renovaremos la mente con nuevas miserias. Aitana ya no estará presente en el recuerdo. no podrá jugar en los espacios públicos. Nadie podrá juzgar ya su torpeza en el tobogán del parque. Ya no será nunca motivo de comidilla de quienes, sin el menor escrúpulo, ante casos semejantes, seguirán columpiándose.
Belén ha sido castigada a sufrir de por vida como madre el dolor indescriptible por la pérdida del fruto de su vientre. Ahora es unánime el hacerse solidario con su desconsuelo. Actualmente, hipócritamente todos dirán compartir su pena, como si fuera posible. Días atrás, ¿quién no ha escuchado a más de un cretino - abundan cómo piojos – criticar con mala baba su dotes como madre, el hecho de dejar, a saber en qué manos los cuidados de su hija? Errar es de humanos. La habladuría es un arte en poder de las gentes. Difamar es un ejercicio cotidiano que se practica asiduamente con descaro.
En cuanto a Diego, dudo que recupere la lucidez ya que está condenado de por vida a vivir en un mundo de locos. Y ahora ¿qué?. ¿Cómo se subsana el agravio sufrido por Diego al ser víctima de guardianes de la justicia que sin rigor ni piedad se emplean con exceso de celo a aplicar el macabro ejercicio de la tortura? De nada sirve que Amnistía Internacional nos ponga sobre aviso. ¿De qué manera pagará esta Sociedad sin escrúpulos, que con todo atrevimiento se erige en verdugo de cualquier ser que sin prueba de delito es tachado de reo? Si cae en manos del pueblo, hubiera sido linchado sin piedad. ¿Quién puede fiarse de unos medios de comunicación que proclaman velar por la justicia, la libertad y el orden y utilizan, en la búsqueda de su credibilidad, el infundio para poder ir subsistiendo? ¿Dónde están esos políticos que piden que depositemos en ellos nuestras esperanzas? ¿Hasta cuando, en auténtico acto de fe les confiaremos el voto, aún a sabiendas de que nunca serán capaces de involucrarse en hacer un mundo más justo?
El delito de Diego es haber nacido en el seno de una familia humilde. Ser carne de paro. Crecer como bicho viviente sin posibles. Si fuera un oligarca, un ser de noble estirpe, un honorable representante de Dios en la tierra, un mafioso al uso, un embaucador con mando… no habría celda en donde cobijarle y estaría vacunado contra la deshonra pública.
Por desgracia, siguen vigentes en esta Sociedad moderna las coplas de León Felipe:
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas,
¡y los mismos poetas!
¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera
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